martes, 12 de junio de 2007

El día del periodista y la esperanza de poder merecerlo Por Orlando Barone


Todos los días en que se celebra algún trabajo u oficio; son días tan generosos en su amplitud, y tan indiscriminados, que invitan a la fiesta a todos los oficiantes por igual sin que tengan que probar su excelencia y sin presentar más mérito que el del ejercicio


Por eso siempre hay un día para alguien: sean bancarios, chapistas o aduaneros ya que todos se autocelebran un día, algún día del año.

Como la fiesta no es selectiva, ni consagra categorías ni hazañas, yo también me incluyo, aunque sé que hay periodistas a los que no les llego a los zapatos.

Y a la suela tampoco.

Y hay otros con quienes no quisiera compararme por preservación de la especie.

Porque hay cada periodistas que Dios nos libre.

Después de todo, un día no se le niega a nadie.

Por suerte no hay día del periodista mentiroso, ni del canalla ni del idiota útil ni del periodista que cree que su misión es dar el sermón de la montaña.

Tampoco hay un día especial para el periodista demagogo que soba a la gente como parte de su interpretación escénica.

Y del corrupto mejor abstenerse como del que simula ser puro.

Da igual ser periodista opositor u oficialista, o vuelta y vuelta, porque la condición humana no es perfecta. Y para compensar la imperfección del periodista está el público que es igual de imperfecto.

Nadie puede tirar la primera piedra ni la segunda. Nadie puede tirar ninguna piedra.

Lo más lindo de ser periodista es serlo.

Y se es periodista siempre y cuando se asuma su papel vulnerable, su papel de escribiente y de relator del borrador de la historia sobre una pizarra de niebla o sobre el agua.

Un borrador que se borra enseguida porque esta es una profesión que trabaja el presente y el olvido, más que el testimonio inolvidable.

El dilema del periodista es confundir su papel de mensajero por el papel de ángel de la guarda.

Tampoco es el del periodista el papel de fiscal o de pastor, de llanero solitario o superhombre.

Ni de Robin Hood ni Al Capone.

El periodista debe estar tan lejos del pavo real como del pavo trozado en el plato del poder.

Hoy es el día del periodista: pero es también el día de la gente que nos permite tener voz que nos tolera la ignorancia y el error y a veces hasta ser tontos.

No hay que hacer alboroto: hay profesiones más santas que esta.

Oficios más heroicos y más duros de los que nadie habla ni tienen una tribuna pública para hacerse autobombo.

No es para tanto el día.

Pero es algo que al menos algunos se merecen.



Ojalá nosotros estemos entre ellos.
06/07/2007 -Orlando Barone - Periodista

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