viernes, 1 de junio de 2007

¿De qué sirve el profesor?Por Umberto Eco

¿En el alud de artículos sobre el matonismo en la escuela he leído un episodio
que, dentro de la esfera de la violencia, no definiría precisamente al máximo de
la impertinencia... pero que se trata, sin embargo, de una impertinencia
significativa. Relataba que un estudiante, para provocar a un profesor, le había
dicho: "Disculpe, pero en la época de Internet, usted, ¿para qué sirve?" El
estudiante decía una verdad a medias, que, entre otros, los mismos profesores
dicen desde hace por lo menos veinte años, y es que antes la escuela debía
transmitir por cierto formación pero sobre todo nociones, desde las tablas en la
primaria, cuál era la capital de Madagascar en la escuela media hasta los hechos
de la guerra de los treinta años en la secundaria. Con la aparición, no digo de
Internet, sino de la televisión e incluso de la radio, y hasta con la del cine,
gran parte de estas nociones empezaron a ser absorbidas por los niños en la
esfera de la vida extraescolar. De pequeño, mi padre no sabía que Hiroshima
quedaba en Japón, que existía Guadalcanal, tenía una idea imprecisa de Dresde y
sólo sabía de la India lo que había leído en Salgari. Yo, que soy de la época de
la guerra, aprendí esas cosas de la radio y las noticias cotidianas, mientras
que mis hijos han visto en la televisión los fiordos noruegos, el desierto de
Gobi, cómo las abejas polinizan las flores, cómo era un Tyrannosaurus rex y
finalmente un niño de hoy lo sabe todo sobre el ozono, sobre los koalas, sobre
Irak y sobre Afganistán. Tal vez, un niño de hoy no sepa qué son exactamente las
células madre, pero las ha escuchado nombrar, mientras que en mi época de eso no
hablaba siquiera la profesora de ciencias naturales. Entonces, ¿de qué sirven
hoy los profesores? He dicho que el estudiante dijo una verdad a medias, porque
ante todo un docente, además de informar, debe formar. Lo que hace que una clase
sea una buena clase no es que se transmitan datos y datos, sino que se
establezca un diálogo constante, una confrontación de opiniones, una discusión
sobre lo que se aprende en la escuela y lo que viene de afuera. Es cierto que lo
que ocurre en Irak lo dice la televisión, pero por qué algo ocurre siempre ahí,
desde la época de la civilización mesopotámica, y no en Groenlandia, es algo que
sólo lo puede decir la escuela. Y si alguien objetase que a veces también hay
personas autorizadas en Porta a Porta (programa televisivo italiano de análisis
de temas de actualidad), es la escuela quien debe discutir Porta a Porta. Los
medios de difusión masivos informan sobre muchas cosas y también transmiten
valores, pero la escuela debe saber discutir la manera en la que los transmiten,
y evaluar el tono y la fuerza de argumentación de lo que aparecen en diarios,
revistas y televisión. Y además, hace falta verificar la información que
transmiten los medios: por ejemplo, ¿quién sino un docente puede corregir la
pronunciación errónea del inglés que cada uno cree haber aprendido de la
televisión? Pero el estudiante no le estaba diciendo al profesor que ya no lo
necesitaba porque ahora existían la radio y la televisión para decirle dónde
está Tombuctú o lo que se discute sobre la fusión fría, es decir, no le estaba
diciendo que su rol era cuestionado por discursos aislados, que circulan de
manera casual y desordenado cada día en diversos medios –que sepamos mucho sobre
Irak y poco sobre Siria depende de la buena o mala voluntad de Bush. El
estudiante estaba diciéndole que hoy existe Internet, la Gran Madre de todas las
enciclopedias, donde se puede encontrar Siria, la fusión fría, la guerra de los
treinta años y la discusión infinita sobre el más alto de los números impares.
Le estaba diciendo que la información que Internet pone a su disposición es
inmensamente más amplia e incluso más profunda que aquella de la que dispone el
profesor. Y omitía un punto importante: que Internet le dice "casi todo", salvo
cómo buscar, filtrar, seleccionar, aceptar o rechazar toda esa información.
Almacenar nueva información, cuando se tiene buena memoria, es algo de lo que
todo el mundo es capaz. Pero decidir qué es lo que vale la pena recordar y qué
no es un arte sutil. Esa es la diferencia entre los que han cursado estudios
regularmente (aunque sea mal) y los autodidactas (aunque sean geniales). El
problema dramático es que por cierto a veces ni siquiera el profesor sabe
enseñar el arte de la selección, al menos no en cada capítulo del saber. Pero
por lo menos sabe que debería saberlo, y si no sabe dar instrucciones precisas
sobre cómo seleccionar, por lo menos puede ofrecerse como ejemplo, mostrando a
alguien que se esfuerza por comparar y juzgar cada vez todo aquello que Internet
pone a su disposición. Y también puede poner cotidianamente en escena el intento
de reorganizar sistemáticamente lo que Internet le transmite en orden
alfabético, diciendo que existen Tamerlán y monocotiledóneas pero no la relación
sistemática entre estas dos nociones. El sentido de esa relación sólo puede
ofrecerlo la escuela, y si no sabe cómo tendrá que equiparse para hacerlo. Si no
es así, las tres I de Internet, Inglés e Instrucción seguirán siendo solamente
la primera parte de un rebuzno de asno que no asciende al cielo.

La Nacion/L’Espresso (Distributed by The New York Times Syndicate)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me parece muy interesante el artículo. Tengo más interrogantes que respuestas. Hipotetizando sobre el título " De qué sirve el profesor".... me da la sensación de utilidad, descarte, objeto. Para comenzar este debate sería necesario, explicitar el paradigma en el que se basa el artículo y el paradigma en el que nos vamos a posicionar.

El autor,explicita su pensamiento desde un paradigma cognitivista en donde es importante que los alumnos busquen, seleccionen y organicen la información. (estrategias cognitivas)

Me parece interesante plantear las siguientes preguntas: ¿ cuál es el fin de la educación?, ¿qué entendemos por formación?, ¿ el profesor debe desarrollar únicamente en el alumno las estrategias cognitivas?, ¿ y las estrategias socio-afectivas?, ¿el docente tiene presente su función social como educador?. ¿qué entendemos por profesores intelectiales transformadores?.

"... los intelectuales transformadores necesitan desarrollar un discurso que conjugue el lenguaje de la crítica con el de la posibilidad, de forma que los educadores sociales reconozcan que tienen la posibilidad de introducir algunos cambios. En este sentido, los intelectuales en cuestión tienen que pronunciarse contra algunas injusticias económicas, sociales, tanto dentro como fuera de la escuela. Paralelamente, han de esforzarse por crear condiciones que proporcionen a los estudiantes la oportunidad de convertirse en ciudadanos con el conocimiento y el valor para luchar con el fin de que la desesperanza resulte poco convincente y la esperanza algo práctico" Giroux, H (1990).
Me parece que la función del docente en el siglo XXI, es mucho más amplia, que la expresada en el artículo. ¿Racionalidad técnica o racionalidad comunicativa?